¡Urgente! ¡Necesito un enemigo!

“Cuando entendí a mi enemigo lo suficiente como para vencerlo, en ese    momento, también lo amaba.”              E. Wiggin (Ender)

        Existen muchos tipos de enemigos. Algunos son humanos, otros no. Estos últimos suelen, sin embargo, tener alguna vinculación con lo humano. Por ejemplo: los virus, bacterias, células malignas, crisis económicas, amenazas a la subsistencia, ideas, paradigmas, etc..

    La mayoría supone que el exterminio del enemigo haría la vida mejor, ¡Qué equivocados están! Un buen enemigo puede hacernos crecer mucho, pues, sin conflicto no hay crecimiento.  En diversas áreas de la física (dinámica, electromagnetismo, hidráulica, electrostática, etc.) para que haya movimiento debe haber diferencia, es decir que necesitamos de diferencias, antagonismos y opuestos. No habría motores si no existieran el positivo y el negativo, el imán con polaridad Norte y Sur, los electrones y los protones.

       El enemigo plantea eso: un antagonismo o sea: dos fuerzas en pugna. Si quitáramos al enemigo del escenario, ¿nos esforzaríamos de la misma forma por descubrir nuestras potencialidades y desarrollarlas?  ¿Pasaríamos horas reflexionando e imaginando escenarios posibles para vencer?

      Las alianzas más fuertes suceden en presencia de un enemigo común. El tener que aliarnos nos obliga a mejorar nuestra disposición con el otro, a buscar coincidencias y a construir un lazo para ayudarnos a sobrevivir. Si no existiera un enemigo que en algún momento nos instara a unir fuerzas, a salir del “yo” para construir un “nosotros” con el fin de protegernos mejor, muchos de nosotros estaríamos seguramente aislados. estar aislados es carecer del gran poder de la cooperación.

      En los noventas el HIV fue un enemigo que nos aterró con la amenaza de diezmar a la humanidad.  Hoy, sabemos que el estudio de este “enemigo”, impulsó grandes avances en el tratamiento de infecciones por virus y bacterias; tratamientos para el cáncer, vacunas y terapias genéticas. Su presencia ha impulsado a la medicina a superarse a sí misma de una forma sin precedentes. Y a eso debemos agregarle el efecto que tuvo sobre los vínculos, obligando a romper tabúes, a sincerarse porque a veces obligaba a enfrentar la propia sexualidad públicamente o bien en la intimidad de la pareja conyugal. Era así: o vencíamos nuestros tabúes o moríamos, o matábamos a otros. Es difícil darnos cuenta hoy de cuan profundamente la presencia de este enemigo nos hizo reflexionar, aprender a sincerarnos y a cuidarnos.

      El enemigo es un atractor que organiza el campo. Ejerce una fuerza que afecta y orienta nuestra realidad. Nos provee de un objetivo, de un desafío para superarnos, para fundamentar nuestras creencias, para descartar aquello que no esté bien sustentado, aquello en lo que no podemos confiar… De alguna manera  nos insta a derribar las bases endebles y a construir sobre bases cada vez más firmes.

      El camino para sobrevivir al enemigo es conocer su mundo, su mirada, su campo de acción, tanto que casi podamos ver con sus ojos. Esto nos amplía la mirada y permite comprender mejor esta realidad común, tan diferente a los ojos de cada uno.

      El enemigo inspira, porque es quien nos toma de la mano y nos lleva (o nos arrastra) fuera del mundo seguro y conocido, obligándonos a hacernos preguntas, a buscar respuestas, adaptarnos y a crecer.  La relación con un verdadero enemigo es una relación de profunda intimidad, y en ese contacto, ambos se moldean mutuamente buscando siempre superarse para superar al otro. Nuestros enemigos nos cambian así como nosotros los cambiamos a ellos, sin ellos no seríamos quienes somos. Cuando hemos compartido una vida de batalla, el enemigo pasa a ser parte fundamental de nuestra historia, pues muchos de nuestros logros de alguna forma se deben a su presencia, y, si este enemigo desapareciera, necesitaríamos con urgencia encontrar nuevos desafíos, porque el vacío podría ser inaguantable. La lucha, el desafío, es parte de la naturaleza humana, y si falta alguien —o algo— con quien enfrentarnos, falta la inspiración para superarse.

     ¿Quién alguna vez, luego de una dura batalla en la que no lo pudieron derrotar no se ha sentido bien consigo mismo? ¡Conseguí sobrevivir! El enemigo cambia el concepto de nosotros mismos, nos ayuda a configurar una identidad más consciente de nuestras capacidades.

    Quienes piensan que la desaparición de sus enemigos mejoraría sus vidas se equivocan gravemente. Para que el enemigo desaparezca hay un sólo camino, y no es su exterminioes hacerse uno con él; es conocerlo tanto que podamos, viendo a través de sus ojos, legitimar su lucha tanto como la nuestra. En ese punto seremos uno con ese enemigo, y ya no habrá enemigo, ni motivo para seguir luchando porque la distancia se habrá acortado y habremos ampliado nuestro conocimiento con aporte que este enemigo hizo. Habremos entendido que el antagonismo es inherente a todo y que somos ambos actores necesarios en la gran obra del universo. Entonces estaremos listos para el próximo desafío.

Guillermo Leone;  27 de marzo  de 2016

Este articulo ha sido traducido al Francés. VER LINK


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