Acompañar el ocaso

Mi madre se despierta más dolorida que de costumbre. Como es usual, no recuerda sus sueños, pero debe haber soñado algo que la angustió. Empieza a llamar: ¡Hola! ¿Hay alguien? —Buen día mamá. —Me presento en su cuarto. Se sorprende, quizás de darse cuenta de que soy el hijo. Siempre tengo la precaución de saludarla …